La única zona natural que encontraréis en Andorra, una colina desde donde divisaréis toda la villa Andorrana. Zona recreativa de pinares, con un sinfín de varias mesas dispuestas a hacer de las mejores comidas campestres y de largas charlas.
Además, os toparéis con su Ermita, la Ermita de San Macario del siglo XVIII, lugar de gran devoción de sus habitantes; con su mirador, para ojear toda la villa, con un complejo hostelero de jóvenes emprendedores, con una buena cocina y un excelente servicio. ¡Y como no!, el Poblado Íbero.
Andorra contaba con varios yacimientos arqueológicos, pero el más importe es el del “Poblado de El Cabo”, asentamiento que data del siglo V a.C. Y que fue desmontado y trasladado al monte de San Macario debido a la actividad minera que se desarrollaba en sus inmediaciones; como siempre, la economía del momento estaba por encima de cualquier vestigio histórico, y lo malo de todo ello, es que el tiempo dio la razón a lo etnográfico, pues la empresa minera desapareció y sus restos, ahí están.
Hacia las 11 de la mañana, teníamos programada una visita guiada a los restos del poblado íbero del siglo V a.C, pero siento deciros, que no está accesible. Solo lo podréis verlo desde el puesto de vigilancia, desde allí, veréis todas las construcciones de aquella época.
Fue trasladado de su lugar de origen en el año 2000, está formado por unas cincuenta viviendas de unos 20-25 metros cuadrados y de planta rectangular, dispuestos en dos alineaciones y protegidos por una gruesa muralla. Todo ello, complementado con el Centro de Visitantes. Sin duda, los mejores vestigios ibéricos conservados en la actualidad.
Pero a pesar de no ser accesible, merece la pena verlo, y la verdadera forma de conocer su historia es que contratéis a través de la oficina de turismo municipal una visita guiada.
Llegamos al final de la misma, una visita cultural, San Macario, un lugar natural y de grata naturaleza y, por si fuera poco, una comida extraordinaria, qué más pedirle a la mañana...