Dejamos el museo, con un gran sabor de boca, y seguimos en dirección a los Palacios Nazaríes, menuda bajada, pero el optimismo lo hizo todo para la vuelta. Indispensable tener reserva de hora.
Ya en la cola, en pocos minutos llegó el responsable de organizar los pases según las horas reservadas preguntando a todos los turistas por sus horarios e informándoles de todo.
Tengo que deciros que fue todo amabilidad, al vernos, se dirigió a nosotros nos preguntó por nuestra hora de reserva y nos dijo que ya nos avisaría para entrar sin esperar a la cola (solo un acompañante).
Nos llegó el turno, y cuando veo aquella bajada, ya me eché a reír…. Imaginaros los saltos de esquí, más menos…. Pero eso sí, para nosotros rampa de madera, nada de escaleras.
Una vez abajo, pasas por recepción, situada a la izquierda de la bajada y ya avisan para que te abran unos grandes portones de madera que dan acceso al Palacio, sin que en ellos falten los escalones, pues ya sabéis es parte del paisaje.
Los Palacios Nazaríes están forman estos tres palacios: El Mexuar, El Palacio de Comares, o de Yusuf I y el Palacio de los Leones, o de Mohammed V.
Y la famosa fuente que descansa sobre los doce leones y que recoge el agua de los cuatro canalillos orientados hacia los cuatro puntos cardinales.
La verdad sea dicha, que la arquitectura que allí se conserva es merecedora de todo elogio, y de obligada visita. Y como cada uno disfruta de las cosas en función de sus gustos y saberes, nada más que dejarlo ahí.
Dentro de la realidad, sé que hay cosas demasiado costosas para que todo ello fuera accesible, así que espero que año tras año vaya dando sentido a la accesibilidad de algo tan hermoso como es la Alhambra (Al-Hamra en árabe).
Un consejo, en verano, hagan la visita nocturna, y sobre todo llevar acompañante, porque tendréis bastante para los dos….
Antes de cerrar mis comentarios tengo que dejar constancia de la amabilidad de todos sus trabajadores, sinceramente fue extraordinaria.